¡TELÉFONO EN LA REDACCIÓN! (17)

Entre Ríos, todos los bardos


El teléfono siempre suena en las redacciones. A veces los interlocutores resultan sorprendentes. A veces se producen diálogos que permiten tocar diferentes temas de la actualidad. A veces no hay quién atienda. Esta sección, a cargo de Américo Schvartzman, se limita a escuchar conversaciones ajenas y desgrabarlas. Dicen que se divierte con eso. Pero lo peor es que quiere compartirlo con los lectores de Análisis.

Por A.S.



Hola amigo ¿cómo dice que le va?
Bien ¿y usted?
Bastante. ¿Puedo hacerle una confesión?
A esta altura...
Un poco cansado. Saturado, le diría. Hace una semana que no escucho hablar de otra cosa que de las enormes virtudes del ex Presidente.
Qué lástima, justamente de eso quería hablarle.
¿Usted también? ¡Pero si usted era de “la contra”?
Para nada, siempre fui muy moderado en mi análisis respecto del gobierno de Néstor.
No me venga con ese cuento. Mire que tengo buena memoria. Hasta hace pocos días usted hablaba pestes del “progresismo kirchnerista”, incluso a esa expresión la decía con gran ironía.
Bueno, pero me refería al Gobierno actual. Usted nunca me preguntó qué balance hago yo de la gestión de Néstor.
¿Cuál es la diferencia?
¡Es enorme! Al morir, uno puede dar por cerrada esa etapa y hacer un balance de gestión de esos cuatro años y diferenciarlos con claridad de los cuatro años de Cristina.
¿Y por qué al morir Néstor? ¿Esa misma diferenciación no se podía hacer antes? Mire, no lo tome a mal, pero me está oliendo feo esta introducción que hace. ¿Con qué me saldrá ahora? ¿Qué se volvió peronista?
Mire, yo tengo muchas cosas buenas para rescatar de Néstor Kirchner y su primer gobierno, que las celebré cuando las hizo... Puedo enumerarlas si lo desea. Y también muchas cosas que le critiqué también cuando las hizo, o porque no las hizo o las dejó de hacer. Pero a diferencia de lo que ocurre con otras personas, no necesito endiosarlo –como los kirchneristas, sean peronistas o no– ni demonizarlo –como los antikirchneristas, sean peronistas o no–.
Hmmm. Me suena medio salomónico, como si quisiera quedarse en el medio, no tomar partido. Si es por eso, todo tiene un lado positivo y un lado negativo, pero un balance general siempre se inclina más para algún lado.
Es cierto. Con el paso del tiempo, la historia se queda con los grandes trazos, con las líneas principales de lo que fue una gestión, y me parece que esas grandes líneas serán positivas: la renovación de la Corte Suprema, la negociación de la deuda, la recuperación del rol del Estado, la nulidad de las leyes de impunidad, la política de derechos humanos, la política exterior independiente y latinoamericanista, una buena política cultural... son varios aspectos –se podría decir que muchos de ellos eminentemente gestuales– que serán las pinceladas con las que se pintará ese período. Hay otros aspectos, quizás no tan fuertemente positivos, pero importantes: tibia distribución de las riquezas, crecimiento del mercado interno, la decisión de no reprimir la protesta social, aunque sí se la criminalizó un poco... Creería que estas serán las principales atribuciones positivas que se rescatarán con el tiempo.
No sería raro. Pero también habrá quienes marquen la frustración de una expectativa de cambio profundo, los casos de corrupción, el incremento injustificable del patrimonio personal, el “capitalismo de amigos”, los subsidios y el manejo discrecional de los recursos, el centralismo exacerbado...
Sí, claro. No fue la revolución ni mucho menos. En mi opinión, fue un gobierno peronista, en toda la línea. Puede sonar raro, pero me parece que tanto Menem en los 90 como Kirchner en los 2000 son los más genuinos representantes de la capacidad del peronismo de expresar la época que le toca en suerte.
¿A ver?
Le menciono sólo los puntos en común: populismo, acumulación de poder y de alianzas escasamente selectivas, con el objeto central de conservar el poder y sin muchos pruritos ideológicos, nacionalismo verbal, conciliación con los sectores empresarios y con los sectores burocráticos sindicales, aprovechamiento oportunista de la coyuntura económica y del “cambio de aire”, federalismo verbal, disciplinamiento de los gobernadores locales mediante el manejo arbitrario de los recursos...
Y pare ahí porque en cualquier momento se me da vuelta y me dice que el balance es negativo.
Je. No, es sólo para mostrarle que no “compré” la versión edulcorada de Kirchner como una especie de Che Guevara del siglo 21 que quiso instalar el Gobierno en estos días.
Y si quiere ya que estamos, aporto dos puntitos en común a ambos personajes.
Déle.
Uno: ambos parecieron desentenderse de "cuestiones morales". La corrupción no les molestaba a ninguno de ellos, ni por supuesto a sus seguidores. El "roban pero hacen", como criterio aceptable, si lo que “hacen” da buen resultado. Los menemistas nunca vieron nada tan grave como para cuestionar en un Gobierno capaz de hacer volar un pueblo entero si era necesario, para tapar sus tropelías y negocios turbios. Y los mismos que acusaban de corrupto a Menem, parecen perdonarle todo a Néstor porque "es de izquierda" (¿?). Entonces no hay problema con ninguna de las cosas que usted señaló antes, ni tampoco con que haya triplicado su fortuna en el mismo periodo en que tenía a cargo presidir el país...
Cosa rara ¿no? Porque si lo hizo por derecha, que nos pase la receta y nos salvamos todos.
Totalmente.
¿Y el otro puntito?
¡Ah! Un detalle "composicional": usted podrá corregirme, pero me parece que a pesar de los discursos, la inmensa mayoría de peronistas es común a ambos gobiernos, o sea, los que en los 90 eran menemistas luego fueron kirchneristas: Alberto Fernández, Aníbal Fernández, Pichetto, los Gioja, Urribarri, Bisogni y Scelzi, Scioli, etc. Incluso los mismos Kirchner.
Obvio. Si todos ellos hubieran sido opositores como quieren hacer creer ¡no hubiera habido menemismo!
Ahora, yo estos días he escuchado cada cosa de gente que se dice peronista y sin embargo por poco no brindó por la muerte del ex Presidente. Le aseguro que me he sorprendido.
Sí, a mí también me pasó. Pero con el justicialismo sucede eso. Puntualmente, un vecino que dijo algo así como “Lástima que no murió antes”. Y que se dice peronista. Tuve la mala idea de decirle que no estoy de acuerdo con esas expresiones, y que respetara el dolor de los muchisimos argentinos, peronistas como él (o no) que lloran a Kirchner. Discutiendo por este asunto, me dijo “antiperonista”.
Bueno, ya debe saber usted que todos los profundamente intolerantes califican como "anti" a aquel que les señale una crítica, una solita... Así, para los judíos cualquier cuestionamiento es "nazi", para la Iglesia, "anticlerical", para los peronistas, "gorila", etc. Coincidencias de los pensamientos cerrados.
Sí, bueno, pero yo creía que los que lloran a Kirchner son peronistas. Y parece, según mi vecino, que quienes nos enfrascamos en este debate porque respetamos esos sentimientos resulta que somos antiperonistas, y en cambio es peronista él, que desprecia al muerto peronista y a los peronistas que lo lloran. ¡Qué difícil es no ser peronista!
Eso es cierto, es muy difícil ser no peronista, o no ser peronista, como usted prefiera, en la sociedad argentina.
De todos modos, si me pide enumerar detalles de estos días que me han resultado llamativos, no sabría por dónde empezar.
Yo sí: por la sorprendente actitud del multimedios Clarín, llorando al muerto como si despidieran a un amigo.
Ah, eso es cierto. Fue notable la hipocresía –o el simple cálculo mercantil, vaya a saber– de los medios que hasta ayer lo mataban, implacables, y hoy que murió en serio, nos muestran hasta “los rincones preferidos de Néstor en Río Gallegos”. Dan asquito.
¿No será que hay otra intención ahí? Yo estuve pensando al respecto...
¿A ver?
Yo primero me plantée lo mismo. Horas y horas de transmisión con el mismo tema. La misma facilidad y el mismo desparpajo que habitualmente usan para instalr temas en la opinión pública –como por ejemplo la inseguridad– ahora volcados a ensalzar a Néstor, a despedirlo como “el mejor de todos”, a mostrar la congoja y el dolor del pueblo... ¿Todo eso para qué, con el riesgo –encima– de enemistarse con sus propios lectores y televidentes, que seguramente no se sentían muy cómodos con la cobertura?
Dígame usted, que lo estuvo cavilando.
Reflexione conmigo. ¿Para qué sirve el elogio desmesurado a Néstor, elevarlo a categoría de mito, mostrar que fue el mejor de todos? Yo diría que sirve para debilitar a la Presidenta. Para mostrarla como la pobre mujer dolida, a la que Néstor le dejó un vació tan grande que, para llenarlo, no tiene más remedio que convocar a una conciliación con los adversarios.
Ya veo.
Por ejemplo, abriendo las puertas para el masivo regreso al PJ de los llamados “peronistas disidentes”. Y desde ya, acordando alguna tregua con el grupo. Mostrando “grandeza”, lo que le han pedido los editorialistas del multimedios en estos días...
Puede ser. No es tan descabellado como podría parecer.
Y por eso hubo varios que, con el cuerpo todavía caliente, ya estaban abriendo el paraguas o mostrando sus reflejos.
¿Por ejemplo?
Por ejemplo, Moyano. El mismo día de la noticia salió a marcar la cancha y cuidar su lugar en el partido. El título fue muy ilustrativo: “Moyano apoyó a Cristina y también reclamó que se reestructure el PJ”. Eso se llama reflejos...
Y otro caso fue Urribarri.
¿No diga?
Sí. Como usted dice, con el cuerpo aún caliente, la interna entrerriana no se iba a frenar: Urribarri, yendo pa’l velorio, no dejó pasar la oportunidad de pegarle a Busti. En este caso el título fue: “Vamos a sacarle la careta a varios que con vergüenza transitarán la provincia”. Y la noticia decía que apuntó contra Busti, sin nombrarlo, claro: “Ahora descubren algunas de las tantas bondades de Néstor y hasta hace pocas horas era la deformación trágica del peronismo”.
El archivo no es un buen aliado para estos dirigentes. Pero es bastante común hablar bien del que murió.
Mire, hay una copla de Borges que creo ya citamos cuando murió Alfonsín. Dice así: "No se aflija. En la memoria / de los tiempos venideros / también nosotros seremos / los tauras y los primeros. / El ruin será generoso / y el flojo será valiente / no hay cosa como la muerte / para mejorar la gente". Algo así pasa siempre entre nosotros, y quizás sea muy saludable esa tendencia que tenemos los argentinos de tomar lo mejor de quien se muere. Después de todo, eso y no otra cosa, es hacer el duelo.
Quizás tenga razón. Hasta la próxima.


(Publicado en Análisis de Paraná, el 4 de noviembre de 2010)